Después de haber asistido anoche a mi primera peña “oficial” reflexioné sobre el asunto exteriorizando una serie de conclusiones que, aunque no gozan de rigor académico alguno y están planteadas sin demasiada objetividad epistemológica (o más bien térmica) pueden funcionar como aviso de alerta:
1. Definitivamente el sonido en los clubes cerrados es lamentable. Los sonidistas no entienden absolutamente nada, limitan su trabajo a que el monitoreo suene bien, así los artistas no se enojan retirándose del escenario.
2. El género folclórico, o más bien las peñas folclóricas, son (están siendo) producciones simbólicas restrictivas para los ajenos a ése campo: los inmigrantes.
3. Los defectos del sonido propician el gesto pregnante (concepto extraído de la psicología gestáltica enmarcada en la Teoría de la Imagen) por parte de los “nativos” del campo. La impericia de nuestro amigo el sonidista impide a los “inmigrantes” ingresar a la mecánica del campo y, mucho menos, disfrutar el evento.
4. Siguiendo con la cuestión del sonido, visto éste es “el medio del mensaje”, la baja fidelidad del mismo trabaja como dispositivo de exclusión. No obstante, el capital simbólico de los “nativos” –por ejemplo, sobre letras y ritmos de canciones- (les) permite gozar del espectáculo sin que la ineptitud técnica de la puesta en escena fastidie. Dicho con otras palabras, sin que se les caiga el burlete, ni mucho menos ponerse en los zapatos de ése “migrante curioso”.
5. Paradójicamente, el habitus explicitado por parte de los agentes espectadores al evento folclórico (aplausos, palmas, coreos, alaridos desaforados, etcétera) es incompatible al discurso de los actores principales de construcción de sentido dentro de éste espacio simbólico. Como dijimos anteriormente, basta con contar con un cúmulo de conocimiento óptimo para hacer caso omiso del artista que suda buena voluntad en el escenario. Lisa y llanamente, un redundante.
4. Para concluir y continuando con la óptica de los oprimidos (maniobra marxista sI las hay), en esas determinadas condiciones de producción, el “inmigrante” debe limitarse a beber de a sorbos una cerveza carente de inflación, e improvisar pasos de danza para parecer gracioso y a gusto con el evento.
Estas primeras ideas o postulados pueden funcionar como detonador de innumerables investigaciones de corte sociológico o antropológico, así que agradecería la cita de este espacio digital, muchas gracias.
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Comentario por Jimena 10/05/2010 @ 10:10 pm