infeliz domingo


Negra Querida
04/10/2009, 7:19 pm
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Volví. Vuelvo. Y revuelvo mi alma en este domingo tan triste, solo e inolvidable. No escribo yo, no escribe un ser, podría no hacerme cargo de lo que va a suceder después de estas palabras; hoy escribe una madeja de sentimientos, un dolor de cabeza, un vaso de lágrimas y un CD virgen de canciones que salen veloces y enojadas como las obreras brotan casi eyectadas del panal. Cientas. Miles.

Escribe mi corazón partido en dos por esta desgracia, por este amor, como el de los tantos que amamos la música. Tantos, que sentimos morir hasta los huesos cuando una voz desarma una melodía.

Y aquí, sentado, no pienso en los que saben y si en los que sienten, en los que se desnudan desde lo más profundo y no temen al amor de viajar. Que este amor no se trata de demagogias sino de sinceridades, de placeres y no de géneros ni estilos ni, ni tampoco de esas otras cosas sobre las que escriben los periodistas especializados (que son por estos días los que me quitan el sueño). Esto es otra cosa.

Aquí no hay punk, ni indie, ni rocanrol, ni tango, ni reggaeton. Sólo queda espacio para el amor, para la alegría eterna y desconsolada que nos puede producir cualquiera de los seres que llegó a la tierra un día, una mañana, y nos devolvió las ganas de seguir luchando, gracias a sus canciones salvavidas.

Feliz con mi felicidad como cuando pienso en música y me veo radiante con armonías que entre ellas lucen tan lejanas y distantes, pero que se encuentran en algún punto de mí. En el bronce de Miles Davis o Coltrane y las fotografías sonoras de Fernando Cabrera; en los colores de L. A. Spinetta y el ruido mental de René Pérez; en el tormento infantil de Claude Debussy y la ronquedad etílica de Tom Waits o Howlin’ Wolf.

No hay límites para esa exploración. No hay límites para la felicidad, para esta felicidad diaria de descubrirlos y redescubrirlos en cada canción. A los Doherty, los García, los Morrissey, los Yupanqui, los Lennon, los Gardel, los Cobain, los Yorke, los Zitarrosa.

Triste, hasta las lágrimas, por hacerme llorar este mediodía, por este amor, por ser Cantora, por despedirte con esas últimas y hermosas grabaciones, que desde el final de la primera escucha que supe que eran tu despedida.

Por tu amor, tu voz, por ese abrazo subtitulado en “Cuchillos”, ese “De tanto darte amor te hice feliz”. Por tus lágrimas y las mías, gracias. Gracias, por no cantar de rodillas, Negra Querida.


1 comentario por mucho
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Que lindas palabras para despedir a una gande! Besos Omarcito!

Comment por Jime




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